Además de los Fundos: Los pequeños y medianos productores en el Valle de Ica

                                                                Por: Maria Elena Adauto y Rossi Taboada

Al hablar del valle de Ica, la primera imagen que viene a la mente es la de un área de cultivos uniformes acorde al modelo agroexportador, y no es un reflejo que carezca de sustento ante los procesos productivos actuales en el país. Llamado el “milagro agroexportador”, el valle de Ica transformó su imagen baldía a un verdor intenso con imponentes dunas como telón de fondo. Algunas de las áreas de cultivo de los agricultores pequeños (small-holders) que fueron otorgadas durante la Reforma Agraria, a pesar del proceso de reconcentración y patrón agroexportador, también muestran una rica diversidad de prácticas y cultivos en el valle, jugando un rol importante en la seguridad alimentaria de la región. Ellos, como los grandes agricultores, también tienen una seria preocupación por el agua.

Antes de la reforma agraria, la estructura agraria de Ica estaba conformada por las haciendas, la mediana propiedad y extensas tierras que pertenecían a pequeños propietarios y comunidades. Desde la época de hacienda, los agricultores iqueños son productores vitivinícolas y algodoneros, por lo que ambos cultivos son característicos de esta zona. En 1969, con el lema “la tierra para quien la trabaja”, se ejecuta la Reforma Agraria y muchos campesinos pasan a ser dueños de las tierras sobre las que descansaron grandes haciendas. Este proceso estuvo influenciado por la fuerte migración del campo a la ciudad, las manifestaciones y movilizaciones reivindicativas del campesinado, la concentración de la propiedad y el sistema servil en el que estaba inscrita, así como la ampliación de mercados para el desarrollo de la industria nacional. Con el objetivo de no significar una mera repartición de tierras, se organizaron empresas asociativas: las cooperativas agrarias de producción (CAP) y las sociedades agrícolas de interés social (SAIS); pero ambas fueron un fracaso ante la falta de personal técnico y gerencial, los intereses contrapuestos que no llegaron a consensos, entre otras causas que tornaron en una situación más tensa en medio de una crisis económica y política. 

Pero la capitalización de la costa peruana se mantenía marcadamente desarrollada en comparación de las otras regiones del país, lo cual no pasó desapercibido para el viraje económico durante los 90 y el cambio en las condiciones del mercado de tierras e inversiones. En este contexto se insertan nuevos actores en el campo agroindustrial, sobre todo en el valle de Ica, que ya había expandido sus áreas de cultivo desde los años 50, apoyándose en el incremento de los volúmenes de agua superficial y subterránea mediante infraestructura gris para el trasvase de aguas y la perforación de pozos. Los serios daños causados por el Fenómeno del Niño en 1983 también fue un factor  muy influyente para la configuración de los actores en el escenario iqueño. Inicialmente, los pequeños productores alquilaron sus tierras que luego serían rematadas debido a los efectos de este fenómeno y lo costoso que resultaría revertirlos.    

La tendencia productiva generó cambios en los cultivos que fueron visibilizándose cada vez más. El cultivo del algodón, tradicional de la época de hacienda, se había visto afectado ante la caída de precios desde los años 60, lo que influyó en la reducción de sus áreas en casi la mitad a nivel nacional  para ser ocupadas por otros cultivos con una demanda que iba incrementando en el mercado exterior y que requerían de mayor tecnología para la explotación del agua para riego,  como el espárrago, la paprika y la alcachofa entre los cultivos anuales; y uva red globe, mangos como perennes. Con la ampliación de las hectáreas de cultivo, se generó también una mayor demanda de agua. Hoy, el conjunto de agroproductores muestran una seria preocupación por el agua en el valle de Ica, paradójicamente uno de los más áridos del país.   

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En el trayecto se intercalan las pequeñas casas, sus áreas de cultivo y los grandes fundos; era de esperar recorrer largos tramos para encontrar a un agricultor. Por un lado, se observan miles de parras y por otro pequeños campos de “oro blanco”,  cultivos anuales de pallares, melones, y calabazas, y campos de frutales que mantienen en pie la viticultura tradicional, cítricos, mangos y paltas que sustentan la vida de muchas familias.

En el mes de noviembre del 2014, la Dra. Rafael de Grenade y las tesistas Maria Elena Adauto, Ana Luisa Calvo y Rossi Taboada, miembros del Proyecto PEER “Strengthening resilience on Andean river basin headwater facing Global Change”, financiado por USAID, realizaron visitas a campos de cultivo y sostuvieron conversaciones con pequeños y medianos productores en el valle de Ica. Allí observaron cómo miles de agricultores mantienen, aunque en menor medida, la diversidad de cultivos en el marco de la tendencia a la agroexportación. La estrategia: los cultivos asociados. Entre las parras, se observan diversos frutales y leguminosas en los surcos, como naranjos, paltos, mangos, pallares, papaya, limón… destinados para el mercado local y la canasta familiar. 

Ver la extensión de cultivos con grandes dunas como telón de fondo nos lleva inexorablemente a cuestionarnos sobre las fuentes de agua. Siendo Ica uno de los valles más áridos ¿De dónde proviene el agua? Y si cuentan con ella, ¿Cuán costosa debe ser? ¿Les es suficiente? Pozos tubulares, uso de agua de canal, uso de aguas servidas, uso de agua de escorrentía; estos, además de los pozos para uso pecuario y uso doméstico, son los principales sistemas de abastecimiento de agua para miles de pequeños y grandes agricultores, cuyas condiciones de acceso son marcadamente desiguales si tenemos en cuenta los altos precios para poder tener un turno, comprar una bomba o contar con la maquinaria necesaria. 

 “Para el agua doméstica, se usa un pozo de 21 metros de profundidad. Desde hace cinco años los costos para extraer agua subterránea han bajado, pero preocupa la profundidad a la que se están cavando. Cada vez hay menos agua por la explotación de los grandes agroexportadores. (…) Sobre las aguas negras, cuando se usan por mucho tiempo, la tierra se saliniza y pierde calidad, por eso estamos solicitando estudios.” (Agricultor, distrito San Jacinto, Ica)

La preocupación de los pequeños y medianos agricultores por el agua no es infundada. Además de su aridez, por un lado existe una competencia interna por ella en el entramado de actores que operan en condiciones diferenciadas, mientras que por otro lado todos ellos, en conjunto, ejercen una fuerte presión al Estado por una decisión sobre los proyectos de ampliación del trasvase del sistema Choclococha. ¿Su ampliación solucionaría los problemas tanto de los grandes como de los pequeños productores? La diversidad de escalas en la actividad agrícola es importante y necesaria para el país y la consecuente seguridad alimentaria, por lo que una de las vías para satisfacer la demanda de agua son los proyectos de infraestructura gris; pero cuando la transformación del escenario natural obedece a la extensión de patrones que se alejan de la sustentabilidad, es de prever el círculo vicioso en el que se caería y los consecuentes conflictos, en este caso por el agua, un recurso que se percibe, cada vez en mayor grado, como escaso.      

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